Nosotros fuimos desde Vegadeo y ahí cogemos la carretera AS-22, a unos 5 km llegamos al pueblo de Samagán y giramos a la derecha, dirección Añides-Penzol por la CP-4 y recorremos unos 10 km, llegamos a  un aparcamiento de tierra situado unos metros antes de unas antiguas escuelas. El sendero que desciende a la cascada está a mano izquierda con su debida señalización.

La ruta de la cascada es lineal y el recorrido total es de unos dos kilómetros, ida y vuelta. El desnivel es de 150 metros y la dificultad es media, con lo cual se aconseja llevar un calzado apropiado, aunque las cuerdas facilitan mucho la bajada y la subida del sendero. Comenzando el sendero nos encontramos un panel con la leyenda que enmarca la magia asturiana, lo que hace que desde el principio nos adentremos en un cuento que es acompañado por bosques de árboles autóctonos asturianos, castaños y robles principalmete.

El sendero sigue a la vera del Rio Porcia con sus cristalinas aguas, finalmente llegamos al emblemático paisaje con la cascada al fondo, un lugar donde se respira paz, rodeado de la naturaleza más pura.

El agua cae en un pozo de agua calma que para los más atrevidos es un lugar idílico para darse un refrescante baño.

Una vez descansados y recreados en la belleza de la cascada comenzamos el fuerte ascenso hasta la salida.

 

 

De vuelta a Vegadeo podemos parar a contemplar la enigmática Casona de Sestelo de finales del siglo XIX, con una verja con notas musicales a la entrada y unos cuidados jardines. Esta casona fue destinada a ser una fábrica de papel, después paso a ser propiedad de un indiano y pasó por ser un orfanato en 1951 hasta hoy en día que está disponible para los mas atrevidos proyectos.